lunes, agosto 30, 2021

¿Colombia, qué pasa? No.2

Iba a seguir escribiendo sobre Colombia, pero tuve dos sueños que cambiaron mi forma de actuar.
El primero fue una pesadilla: 
Estaba con los del paro y todo estaba muy desordenado. Yo les decía que organizáramos todo, que yo tenía experiencia organizando eventos que comunicaran, que pensáramos bien qué se quería decir y lo podríamos decir conceptualmente. No me hacían caso. Yo me iba caminando y había peligro, yo me tiraba a un río que había, pero no caía al río sino que sobrevolaba sobre él y luego, volvía a tierra firme y me encontraba con un grupo de gente que me preguntaba si de verdad yo sabía cómo organizar las acciones y yo les decía que sí, que yo lo había hecho antes. Luego, llegábamos como a un hotel y comía con gente extraña que empezaba a hablar de mí y del paro y yo sentía el peligro. Me levantaba de la mesa y empezaba a caminar sintiendo la adrenalina adentro, entonces pasaba por unos espacios llenos de sangre y gente muerta y/o torturada, como picada. 
Me desperté muy asustada y me demoré como tres horas para volver a dormirme. Cuando lo logré tuve, esta vez, un sueño: 
Entre Joni b. (Johnny Benjumea, copropietario de la Librería Antimateria), arreglábamos el país con arte y cultura. Cuando publiqué en Facebook el sueño, Joni me gozó. 
#jijiji 

Esto fue ya hace unos meses. Ahora estoy trabajando intensamente en arte y cultura: el centenario de mi Don papá: Manuel Mejía Vallejo y de la abuela bella: Dora Ramírez, en 2023. 

Nota: Después de la fiesta de ese año (con pequeñas ventanas desde ahora), espero dedicarme al mis artes, antes de que el animal del que estoy sintiendo pasos grandes dentro de mí, me vaya a destrozar por no dejarlo salir en su forma: dibujos y música… entre otros.

domingo, mayo 02, 2021

Colombia, ¿qué pasa?

Después de ver las primeras noticias del paro del 28 de abril en contra de una Reforma Tributaria absolutamente injusta y absurda, publiqué esto en las historias de Facebook:

Y una amiga me preguntó:


Le respondí a ella, que no vive en el país:


Con tanta injusticia social este pueblo no sabe centrarse en un objetivo a la vez y termina mezclando todas sus tragedias en una sola protesta: en contra de la injusta reforma tributaria... pero con la violencia y el vandalismo se pierde el foco y se "da papaya" para que no se hable sobre la revocatoria de la reforma, sino del vandalismo y del mal comportamiento en la marcha.


En Colombia son tantos los temas que nos afectan, que no logramos enfocarnos en los objetivos y y terminamos sumando en las ecuaciones peras con manzanas, piñas, bananos, uvas, fresas, mandarinas, etc., que dan como resultado un horroroso salpicón que nos deja con un subidón y, por ende, bajadón de azúcar, un pico emocional (resultado de la noradrenalina –entre otras sustancias– secretada por la suma de emociones) y, luego, indigestados, mareados y con guayabo físico, económico y moral y un resultado pobre en el que todo este salpicón confunde el objetivo central de la marcha: NO A LA REFORMA TRIBUTARIA… –en este caso la protesta del 28 y ya 29, 30 de abril, 1, 2 de mayo de 2021… ahora el hashtag es #ParoNacionalIndefinido 


Toda esta indigestión social que nos toca padecer con tanta injusticia social, resultado de la corrupción y mal enfoque gubernamental y… ciudadano también. Toda esta indigestión de injusticia social, repito, crea una amalgama, seguramente también manipulada, que lleva al vandalismo, a la violencia, a la falta de conciencia y a la confusión, y conlleva a que los medios se centren en publicar el caos vandálico y no la firme negativa a la reforma. Por ende, desaparece este objetivo en una borrosa cortina de humo donde se habla del caos generado y se termina permitiendo que quienes así lo han acostumbrado, pesquen –y enseñen a pescar, que es lo más grave pues así es como se perpetúan las costumbres– en río revuelto. En el río revuelto de una protesta que debió haber sido pacífica para que sólo se hablara de ella y no del caos que aqueja al país.


Pero ¿cómo pedirle entereza a una sociedad con hambre, con miedo y rebosante de injusticias?


Hoy lloré –porque se me salen las lágrimas y se me deforma la cara cuando las cosas me afectan tanto como me duele el amor que le tengo a este país… y a este Planetita– al ver las noticias, al ver que gente hermosa valida la violencia y el vandalismo. 


Estamos acostumbrados a mezclar el contenido de los costales (para quienes entiendan eso de “harina de distintos costales”), o para quienes sepan que distintas frutas no se pueden sumar, el salpicón de la absurda ecuación de mezclarlas todas en una suma surreal y caótica en la que resulta ingenuo pedirle a una sociedad tan aporreada coherencia y entereza para poder lograr, paso a paso, con inteligencia y estrategia, el inicio de una transformación social.


Pero ¿cómo hablar de transformación social si la lucha contra la injusticia en formas incorrectas enloda las posibilidades y cuando el desespero es alimentado por el hambre?: ¡cómo le parece la ecuacioncita a resolver!


Parecían zombies hoy en el noticiero que veía, hace un rato. Parecían zombies los poseídos atacantes a diversas entidades que encarnan la evidencia de la corrupción del país… y también otros que pagan porque sí; parecían zombies de película-gringa, pero eran zombies cegados por la situación, por el desespero, por las sustancias químicas segregadas por el sistema endocrino en los desesperados y traumatizados cuerpos… y ¡quién sabe qué otro montón de cosas que no entiendo!; zombies sin cerebro, porque la indigestión de la podredumbre de ese salpicón de insumables, de injusticias sociales le ha colmado el cerebro al pueblo y la violencia es la opción que ve como salida… parecían poseídos, también, algunos agentes del ESMAD y la policía, ciertos en sus podercillos, golpeando y hasta violando a civiles no-zombies… ni hablar del ejército.


Lee uno comentarios de personas que habrían sido solidarias con el fin, pero que, ante la violencia y el vandalismo, les surge de su desesperado ser comentarios tan horribles como estos que andan rodando en las redes sociales:


“Quieren asistencialismo, pero no quieren impuestos. Quieren educación pública de calidad y vuelven pedazos las universidades y colegios estatales. Quieren salud y violan las reglas para contener la pandemia. Son una caterva de infelices desadaptados e hijos de puta.”


… que le hacen perder la esperanza a cualquiera, porque nos meten a todos en el mismo costal y terminan quitándole la validez a una protesta absolutamente justa.


Eso sí, siempre hay bellísimos protestantes. Entre muchísimos otros:


La señora que siempre protesta con su hijo con la parálisis… se ve enorme él en un brazo y la bandera de Colombia en el otro: 



Teresa Montero y su hijo Julián Andrés durante las marchas del 28 de abril en contra de la reforma tributaria, en Manizales. Tomada por Sebastián Correa: instagram.com/sebascorrea03464


Y las tres bellísimas travestis con el top de cinta plástica amarilla de “PRECAUCIÓN”:

Video tomado de internet. No tengo la fuente


Y el equilibrista atravesando el deprimido de un intercambio vial en Medellín:

Video: instagram.com/humanmedellin 


Y la más bella de todos, que es la señora de Vélez, Santander, con las dos banderas: la de Colombia y la del encaje blanco… El país, la belleza y el coraje en una señora:



Tomada de la cuenta: twitter.com/COMUNICAMARY 

¡Sólo por esta señora este país debería componerse!

Me da esperanza, le dije a Toto Vega que le dijera. La conoce, porque es de su tierra y tienen un movimiento hermoso allá.


Los cantos, cacerolas rítmicas y todas de personas que salieron a marchar para no morirse después, incluso si este acto implica poner en peligro su vida y la de sus seres queridos: salir a marchar para no morir, con el riesgo a morir en 20 días.


Por otro lado…

Entiendo a los indígenas que tumbaron en Cali a Belalcázar, pero no era el momento… pero, también, ¿cuándo sería el momento? ¿qué acción podría reemplazar la estatua de un cretino, pero que también fundó estas ciudades?


Me entristece el vandalismo –comprensible en términos de injusticia, pero con consecuencias que sólo harán que, a menos de que suceda un milagro, sólo lograrán que, nuevamente, pague el pueblo y el gobierno llegue a pensar justificable la injusticia de una reforma tributaria de este calibre, que amenaza con aniquilar al país y a su pueblo ya cansado de levantarse todos los días a vivir círculos de infierno Dantescos en un país en el que deberíamos levantarnos todos los días a agradecer el paraíso que es este territorio.


Yo respiro acá, bañada en lágrimas, un país que ya resecó las lágrimas de su agotado pueblo. Este caos vandálico y violento es la exteriorización del interior de todos los individuos del país: se ve el desespero en las calles ante tantas malas decisiones juntas en época de pandemia, épocas que exigen lucidez en todas las tareas… de lo contrario estamos en un riesgo altísimo de caer muy hondo.


El hombre se hizo enemigo del hombre […] … el hombre invocó la fuerza oculta de su poderío y exterminó fuerzas menos afanosas, las que dominan un aire más allá de su grito. El hombre se vino abajo, irremediablemente

– Manuel Mejía Vallejo. 1980


Podría terminar este artículo con una coherente reacción negativa, pero preferiré enfocarme en la tierna ingenuidad de la que estoy hecha: 


Y lloro acá cuando me miro –como desde arriba– atestiguando mis desesperados intentos por creer que es posible crear una realidad armónica. Lloro por mi ingenuidad y, aún así, sé que seguiré queriendo y creyendo en este país tan bello y doloroso.



Este texto lo escribí el 28 de abril. Hoy es 2 de mayo y amanecemos con más noticias traumáticas: que el gobierno está militarizando el país y, como dijo en Twitter quien posiblemente, sea la única esperanza de presidente de este país, Alejandro Gaviria:

"La militarización no es la salida. Nada soluciona. Traerá más muerte, destrucción y descontento".

@agaviriau en Twitter 


Termino este artículo imposible de terminar con esta foto de la cuenta de instagram del artista Jorge Barco:

Foto: Myriam Ojeda. Tomada de la cuenta: instagram.com/nuevonomada 

Agradezco a instagram.com/nuevonomada por ayudarme a ubicar la foto, que se me había embolatado en el desorden de la protesta.


Mi deseo profundo:

¡Que Colombia llegue donde estos indígenas miran, con la belleza de la señora con bandera de encaje de Vélez, Santander!



Maria José Mejía Echeverría

Domingo, 2 de mayo de 2021

Ziruma

miércoles, abril 21, 2021

EL OPTIMISMO QUEDÓ ATRÁS

Acabo de transcribir este texto perteneciente a un libro publicado por la Universidad Nacional de Colombia cuando le dieron el Doctorado Honoris Causa a mi padre, en 1985.

Lo transcribo con lágrimas en los ojos al ver, 41 años después, su vigencia:


EL OPTIMISMO QUEDÓ ATRÁS

Por: Manuel Mejía Vallejo

Malos comienzos estos de mil novecientos ochenta, el mismo que debía mostrar con esperanza a quienes todavía guardamos capacidad de espera. Como si fueran dirigidos por nosotros, el cielo y tierra se han convertido en enemigos peores. El invierno. Las grandes lluvias. Maremotos y terremotos en vísperas de la gran pavura. También el ánimo se derrumba, tiembla al desatarse fuerzas ocultas que bregan por doblegar al hombre, eterno pedigüeño de los dioses cuando los dioses han perdido su antiguo vigor.

Hace poco el drama de Sincelejo, las corralejas trágicas para trescientos muertos y mil heridos en un regreso, justificado ya, al rito cruel donde el hombre sublima su agresividad: sin la fiesta brava no puede vivir, lo asedian miles y miles de años de caverna y terror, el afán del goce, la aventura que ha de terminar con la muerte. La fiesta. Esa condición humana jamás podrá cambiarse por decreto.

Mal año, definitivamente, aunque tratan de mostrar rostros adustos e invisibles aquellos dioses que echaron a rodar los mundos, aprendices de brujos capaces de mostrar obras inconclusas, escondidos tras de las zarzas que arden en el alma del preguntador. Pero esos dioses aparecen en su caricatura de seres hechos a imagen y semejanza de nosotros, juncos movidos al viento según viejas civilizaciones precolombinas, juguetes de quienes nos hicieron para su ocio de eternidad o sus aburrimientos intemporales. “Somos como sillas en las que os asentáis, y somos como flauta vuestra”.

Miedos oceánicos, temblores de tierra, angustias para la mirada perdida… Y sobre ello la mueca de la guerra en los espacios que habita esta criatura, ignorante de si vale la pena existir donde todo conjura contra su existencia, empezando por ella misma. Hay un afán suicida en sus afanes, tal vez por ser la única sabedora de que morirá contra sus pasos perdidos. El futuro revierte sobre otro pasado borroso, donde aquellos pasos dejaron huella de sangre.

En este reducto donde vivo, a veces siento ganas de gritar. Aunque quieran pintarnos la esperanza, esa esperanza está signada por la conciencia de una derrota, trampas que pone el tiempo a la escasa visión de quienes mandan y abusan de su poder porque siempre el poder trae consigo el abuso, la demostración de que se es fuerte y por lo tanto debe doblegarse todo a su imperio.

El hombre es un ser débil, su complejo de inferioridad lo pone bravucón frente a lo que domina y no domina. Su sentimiento de culpa.

Nos debatimos en peleas parroquianas, el mundo se volvió parroquia llena de todo-lo-puedes con capacidad para crearse monstruos. La enajenación, la insensatez, la locura. Y profetas con otras Tablas de la Ley, que dictan así el mundo caiga al peso de sus botas h?erradas. ¿Qué hacemos los que aún creemos en posibles bondades? Pensar sigue siendo cosa de peligro.

La izquierda, la derecha… mi política ha incursionado al lado del corazón para fabricar una frase cursi, y ofuscan los que ante mis dudas reprochan búsquedas anteriores, quienes jamás se preguntaron porque heredaron la verdad y sabían dónde quedaba la meta. No sé si estoy de regreso, en todo caso aparte de quienes no abrieron los ojos a la verdad nueva de sus desafíos. Ellos sobre aguaron en superficies cómodas y aceptaron sin sufrir lo que algunos querían que creyeran: pelearon sin agonía, sin traspasar una fiebre sufriente y esperanzada.

Decir nombres y sitios sería reiteración, sitios y nombres que cambian a cada paso hasta pregonar el mismo arrastre y la misma caída. Ahora se llama Irán, se llama Afganistán, se llama Cambodia, se llama Vietnam, se llama África y Asia y América y Europa y Oceanía. Se llama el mundo este miedo absoluto de la razón. Se llama Colombia.

Bueno, queda la poesía, diríamos con sonrisa oblicua, ligeramente escéptica: poesía desgarrada, amor de refugio, voz de protesta, fuga o encuentro con lo que trata de impedir el surgimiento de la poesía. Queda la ternura: una ternura devastada porque la infancia que la inspira tampoco sabe dónde caerá. ¿Qué aguarda a estos niños de ojos abiertos a la claridad? Un fusil, y otro como ellos en el sitio a donde apunta la mira. ¿Qué ofrece el mundo de hoy? ¿Qué ofrecemos nosotros a quienes jamás solicitamos permiso para asomarlos a esta cosa injusta? ¿Qué capacidad de tender la mano? ¿Qué respuesta a estas preguntas, qué metas a su afán de no quedarse atrás? Cuando aparto en la frente el pelo de mis hijos, pienso que allí les caerá la bala o que de esa misma frente saldrá el Yo Acuso contra nosotros, irremediablemente culpables.

Duele saber cómo Pablo Mateo, que aún habla a sus juguetes y pregunta alegres preguntas sin contestación, será otro soldado que matará al hermano o sufrirá persecuciones o estará al arbitrio de jefes con poderío. Duele pensar que Maria José, desde sus dos años, caminará un camino que no será el de su bondad y llegará a donde sólo arriman los perseguidos. Duele sabernos tan ajenos a nuestro destino de criaturas sin perdón.

Y tendrán hambre y se refugiarán en cuevas y pelearán una pelea que les manda pelear quienes nacieron peleadores, ajenos al pulso que les va marcando un mundo cruel, donde serán fichas movidas por manos mecánicas hechas para matar y destruir las cosas levantadas por algunos seres que conservaría la historia, si la historia no estuviera al borde de su desaparición.

Quedaría el amor, tal vez, pero también el amor está condicionado al terror o al refugio de fiera perseguida. Nacimos en época ambigua aunque cada época es espejo de sus protagonistas. Seríamos entonces pregoneros y atestiguadores del caos en que nos regodeamos. Hoy el amor tiene fea mirada y se parece a un odio con cierta capacidad de olvido hacia el amor imposible. Hoy el amor es otra conveniencia, afán de posesión frente a un cuerpo tendido, trampa regodeadora que se destroza contra la pared que su mismo afán interpone. La sociedad de consumo, alborotamiento del sexo porque la valla de los tabúes fue derrumbada oportunamente. La traición deliberada, el empuje de goces no merecidos, sufrimiento en el gemido remedador de la muerte.

Quedaría el arte. Un arte chillón de mandaderos, un arte con autolimitaciones que desdice la posibilidad creadora. Un arte de políticos que no lo entienden y lo elogian sólo si coadyuvan, están en su derecho. Pero el artista y el escritor escuchan otros sonidos, ven lo que no puede ver la mirada interesada en ver únicamente lo que le interesa. El artista sigue siendo el desbocado por adelantarse a su época y no tener miedo al riesgo, a la audacia creadora de los que llaman iluminados.

Y la frivolidad. Vivimos un mundo al amaño de ideales que traza nuestra sociedad de consumo. Un mundo de sensualidad desbordada y alcohol, del mejor cigarrillo y el mejor whisky, del mejor vestido de baño y la mejor cerveza. Un mundo donde el niño pide lo que el comerciante le dicta y repite afirmaciones que su impulso da como irrefutables. Un mundo que nos hace pensar cómo nos asiste el derecho de seguir absolutamente solos.

Yo no sé, nunca he sabido ni lo supieron aquellos en quienes creí porque decían en buen idioma pequeñas verdades y pequeñas mentiras, alimento cotidiano con que nos alimentamos quienes somos irrevocablemente pasajeros. “La vida es una enfermedad mortal” predicó alguien en quien creímos cuando uno de nuestros héroes, Uribe Uribe, hombre decente y lleno de inteligencia por todos sus costados, fue sacrificado en las gradas del Capitolio. Quedábamos nosotros, rezagos de una presunta inmortalidad. Sólo ahora entendemos hasta qué punto la inmortalidad padece de cáncer y se irá con todo en arrasamiento sin misericordia.

Estuve en Rusia, y Rusia es un pueblo bueno. Estuve en Cuba, y Cuba es un pueblo bueno con habitantes parecidos a nosotros, que podríamos ser rusos o cubanos. Estuve en Estados Unidos, otro pueblo bueno lleno también de afanes y angustias y goces parecidos a los otros, porque nunca pasaremos de ser cosas respiradoras, absolutamente humanas. Y sin embargo la pelea continúa; oro, petróleo, sexo, tanques, fusiles, cohetes… ¿En qué creer cuando entendemos cómo los ídolos son de mal barro amasado por malos amasadores? En mi pequeño refugio de Ziruma, otro rincón de la tierra donde crecen árboles con permiso del aire; donde el viento quiere defender todavía su vocación de altura; donde yo mismo trato de levantar la mirada agachada por el peso de cada día, de las noticias en periódicos y televisores y chismes radiales; aquí, donde llega el grito de los desamparados, el golpe de los aporreados, el alarido de los sin nadie en derredor, el rastro de la tortura, la imposición de otra fe en quienes aún pensaban que el mundo terminaba con nuesta propia muerte. Pero todo muere, menos la capacidad de renacimiento que guarda la angustia, inherente como la voz o la mirada.

Yo no sé. “Entre los coros estelares / oigo algo mío disonar”. Siempre han disonado en el hombre las voces que lo alejan de su ritmo, si es que tiene ritmo y existen voces para el desamparo.. Se salvarán o se condenarán los que tienen la razón , los invencibles en su trampa de ganadores profesionales. Pero nosotros, ¿a dónde? Se perdió el paraíso definitivamente, sólo una hoja de parra llega a los ojos para ocultar la visión de un más allá de todas las cosas. Fe es creer en lo que no creemos, decía el simple de aldea, ojalá tuviéramos esa mínima fe del que no cree en lo que cree creer. La fe es también arrasamiento, piensan por nosotros y nos imponen otras verdades eternas de donde debemos mamar la verdad que nos nutra cotidianamente.

Quedaría el aislamiento, la ignorancia deliberada de lo que ocurre en un territorio que nunca puede ser ajeno. Pero esa ajenidad es otro estado del alma que pide peores respuestas en un mundo sin contestaciones. ¿Qué rincón resta para nosotros, interrogadores humildes? Un silencio renegador, una cabeza caída hacia el barro de donde provenimos, unos brazos abiertos a la inutilidad de todas las preguntas.

A veces tomo pedazos de arcilla y fabrico muñecos; a veces tomo una navaja y en mis manos cortadas tantas veces, y trato de infundir exclamaciones de amor y juego confundidos donde el el juego y el amor son broma de los dioses que ahora quieren animar un mundo sin ánima, mundo que en sí mismo no pasa de ser el ánima sola, errante en espacios sin viento, sin atmósfera para el respiro, sin aire para el eco desvaído de quien ya no quiere decir nada.

Y encima de todas esas ruinas una inmensa tristeza, frustración de un ser –el humano– que pudo haber hecho amable este vivir y convivir y creer; un ser humano que pudo estar al lado del rugido de la fiera sin que lo enfureciera sus colmillos; que pudo atestiguar el cauce de los ríos y el rumor de los bosques donde se miraban; que pudo decir una palabra de convivencia, amiga de las cosas y las criaturas: que pudo levantar su mano para la despedida o para el acto bautismal como si estrenara un techo menos enemigo. Pero el hombre se hizo enemigo del hombre y enemigo de sus propios alimentos; el hombre no quiso convivir con el árbol y la nube, con el viento y el silbo de los pájaros. El hombre disonó en un ámbito que debió ser su eco y su guarida. El hombre invocó la fuerza oculta de su poderío y exterminó fuerzas menos afanosas, las que dominan un aire más allá de su grito. El hombre se vino abajo, irremediablemente.

Yo estaré tranquilo porque dejaré el viejo vicio de respirar, otra irresponsabilidad del humano. Tampoco lo sé. Tal vez aún quede la palabra limpia, la que sigue diciendo una nueva creación, y bote su disfraz con que quieren cubrirla para decir, sencillamente: Señores mandones del mundo, ¡hijos de la gran puta!

Y buscar otra respiración.


1980



lunes, febrero 08, 2021

Aislamiento voluntario

 Como le dije a un casi amigo heredado:

Estoy aprendiendo a vivir esta vuelta involuntariamente autoreiterativa.

Horrible people can do wonderful things

“If you create a very pleasant, wonderful atmosphere everybody behaves wonderfully; if you create an unpleasant atmosphere, a whole lot of people act nasty. 

There’re miserable people and joyful people, but there are not good people and bad people. If you think that what you’re doing is very significant you must learn to work with these horrible people. 

You’ll see that horrible people can do wonderful things” 

– Sadhguru

domingo, enero 10, 2021

Mi vida ha sido para otros, no para mí

 Una vida completamente mía, y, sin embargo, el objetivo nunca he sido, yo sino otros y otras razones.

No sé vivir para mí ni por mí.

No he tomado decisiones para mí: siempre para otros.

No me arrepiento, pues he vivido cumpliendo las misiones que sentía que debía vivir.


Qué curioso darme cuenta de esto, pues mi vida ha sido tan mía.

¡Qué cosa tan rara es la vida!

sábado, enero 09, 2021

Otro retroceso del progreso, un regaño, apatía y desdén en menos de 3 minutos

Mi hijo estaba en un local de un centro comercial. No se veía ya que estaba con un técnico pues estaban reparándole el celular. Le pregunté a la persona de la entrada que si estaba, me miró feo, miró de un lado a otro del local evidenciando la –falsa– estupidez mi pregunta, le pregunté que si había alguien arriba y volvió a mirarme como si hubiera preguntado una estupidez y me dijo que no. Le hice varias preguntas que respondió con desdén, casi pretendiendo que no tenía a nadie al frente.

Después –a punto de ir a buscarlo a otros locales– mi madre le preguntó por el nombre del técnico y dijo que sí; preguntó, entonces, por él y, efectivamente, estaba en el local. Logramos comunicarnos con Matías -¡por WhatsApp!

Dada la fastidiosísima actitud del hombre, a mí me cogió un ataque de risa y le dije:
"¡Qué elevado, parce!", también, sacándome la espinita del maltratito recibido.

Después Mati escribió regañándome:
"Ahora no todo es preguntando a otras personas. Me dices a mí y ya."
Y esto desató una discusión en la que Mati terminó dándome la razón, pero yo me llené de desconcierto e irritación.
Me sorprendió la naturalidad con la que Matías asumió que el vendedor/vigilante no supiera que él estaba adentro.
Antes de los celulares, la gente sabía quién estaba dónde… especialmente en un local comercial.
A mí me pareció triste, tristísimo y le escribí:
"Me impresiona el planteamiento de la inutilidad de la gente y un montón de cosas tenaces en cuanto a retrocesos en comunicación y observación que son muy tristes, Mati.
Son retrocesos en la evolución que se habían demorado miles de años y que desaparecen en una generación."
En fin, la humanidad embruteciéndose, perdiendo la habilidad de comunicarse gracias a la facilidad de la comunicación.
Nos estamos embobando.
#RetrocesosDelProgreso

martes, diciembre 08, 2020

Hace ya décadas sufrí de un amor para que el que yo no fui tal

Esta canción me fascina: POR QUÉ TE VAS,  Jeanette


Hace ya décadas sufrí de un amor para que el que yo no fui tal.

La pregunta que siempre evité:

"¿Por qué te vas?"

Aunque las consecuencias las dice la canción,

ni se presentó siquiera para hacer ninguna pregunta:

sólo se esfumó.


viernes, diciembre 04, 2020