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    jueves, febrero 08, 2007

    CUATRO MESES

    Me dedico en este instante a lo único que puedo hacer: oir música.

    El ojo morado palpita, arde, pica, duele, cega. El dolor físico es absurdo además de la angustia que me da pensar que por distintas razones, llevo ya casi cuatro meses quieta. Primero el esquince de tobillo, después, la bronquitis, después la picadura infectada-nacido que me tiró a la cama, luego, bronquitis y ahora el ojo morado.
    Todo al lado derecho.

    Oigo música y escribo –que no es nada difícil para mí que escribo hasta con la luz apagada.

    Me duele el ojo y me duele toda Maria José.

    El ojo morado fue un juego. Estaba jugando con Matías, en el salón de baile, oyendo música y la falta de coordinación bilateral produjo un accidente sin grandes consecuencias en él; en realidad una medio llorada-risa que ninguno de los dos podía definir hasta que, cargando yo a Matías, y más preocupada por él que por mí (midiendo el dolor suyo por el mío) llegamos a la nevera para sacar hielo y, al ponerlo sobre la mesita de la cocina, él ya se había calmado y yo seguía con un dolor que aumentaba cada segundo. Revisé a Matías y tenía un pequeño rosadito en la frente.

    Cogí dos toallitas y hielo y, ya que Matías no tuvo razón para usarla, sólo la mía contuvo el hielo que calmó un poco mi dolor que aún no para.

    Ayer, en la Biblioteca Pública Piloto, había un homenaje a Felipe Ossa (librero de la Librería Nacional, a quien queremos debido a que mi mamá es, por lo general, la arquitecta de la Librería, hemos llegado a conocer y a disfrutar de él, sea en persona o por sus historias únicas. Yo tenía muchas ganas de ir (aunque la Piloto ya no tiene la misma connotación afectiva de cuando mi papá estaba vivo, por Felipe) y ya me había programado desde hacía días y lo había confirmado en la tarde con mi mamá.

    Cuando sucedió el accidente intenté localizar a mi mamá -fue imposible pues el celular estaba descargado– para que le le mandara saludes a Felipe y le dijera por qué no iba.

    Seguí poniéndome hielo. Matías, hermoso, me "daba vuelta" y me decía: "mami, te doy un besito en la nariz pacito para que te llegue al ojo" y me preguntaba, culpable, que por qué estaba así (tan hinchado).

    Cuando Ade, mi hermana, llegó le dijo que él me había hecho eso. Lo abracé y le dije que no era culpa de él, que había sido un accidente. Se le notó la cara de descanso.

    Está tan hermoso Matías... (esta foto la publico a petición de él: "mami, pero quiero que se vean los dos ojos, con la bola").

    Ya amaneció y estoy nuevamente inmovilizada, preguntándome qué es lo que me pasa con mi lado derecho y mis bronquios que no descansan desde hace cuatro meses.



    Febrero 8 de 2008
    Jueves

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