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    sábado, agosto 11, 2007

    Tampoco este grito sirve

    Pero tampoco sé cómo enmudecer.

    PA QUE ESTOY VIVA

    MUERTE MUERTE MUERTE MUERTE.
    Dónde está la hijueputa muerte que se atraviesa cuando nadie la llama y cuando uno le grita como le grito yo –cobardemente, es verdad– no aparece.

    Dónde, la cínica muerte.

    Cómo se reirá de la impotencia humana.

    Dónde, la cínica muerte.

    -Es un veneno que no me mata esto que siento adentro. Amargo, amarguísimo e insípido al mismo tiempo. Lo único definitivo es que no logro morir, ni soy capaz de hacerme morir-

    nada

    hoy ni siquiera me importa esta nada insoportable.
    hoy ni siquiera, hoy nada,
    hoy tranquilamente nada.
    nada.
    absolutamente nada.

    el silencio en un teléfono,
    el timbre en otro.
    la ridiculez de la impotente comunicación.
    nada.
    no espero.
    no nada.
    nada en mí.
    nada yo.
    nada nada.

    la nada.
    nada.

    severa la nada en mi mirada:
    nada.

    viernes, agosto 10, 2007

    CANSADA DE SER UN ACCESORIO

    Supuestamente no me importa que me lean

    Boba, hombre. Claro que me fijo si me leen. Si no ¿para qué esto?

    Creo que es un grito.
    Un grito desesperado como los que no sé dar o doy ridículamente.

    Vivo furiosa con la vida. Vivo furiosa de sentirme incapaz de ser feliz. Vivo furiosa conmigo misma y culpo a la vida de lo que me pasa y no me doy cuenta de que la vida es mía, de que esa vida a la que culpo me pertenece y la defino yo misma, que yo defino y decido esta infelicidad que no controlo.

    ¡Contradictoria! siempre contradictoria.

    Entretenida, risueña, fácil, deliciosa, la risa se me hace tan fácil, que evidencia el desespero de estar viva y mi desprecio por los estándares sociales que me califican como "loca" o como "perra" o como otras cosas, simplemente porque me gusta reírme y reírme de la vida sin importarme lo que se pueda pensar o decir de mí.

    Es un precio alto el que se paga por esto. Es un precio demasiado alto el que se paga y yo ni siquiera sé si vale la pena; pero mi problema es más de fondo: no sé ser otra más que yo misma…

    Densa, densa, densa; densa soy también. Insoportablemente densa, insondable, lejana, dolorosamente ausente. Me meto en mí, en esta tristeza que me envuelve y me pierdo en ella. Salgo sólo para reírme de ella, para reírme de mí y de esa tragedia inevitable de mi tristeza, del dolor que me duele como físico. Ese dolor que me hace doler el corazón como una herida infectada y purulenta sobre el que ninguna anestesia actúa a excepción de la risa, de la inútil risa que me salva del denso deseo de la muerte que me come tantos segundos de la vida.


    …y ya que me fui para otro lado: sí, sí me importa que me lean o no. Aunque me lean o no voy a seguir escribiendo.

    Escribiré siempre. Una tragedia, solamente eso, podría hacer que yo parara de escribir.

    –¡ay, niiiña!, como me dice Fredy Álvarez, ¡ay, niiiña!

    Niños jugando al gato y al raton en El Arca

    Veo a Matias y a los otros niños reírse mientras mi tragedia se desenvuelve adentro. Al menos esto se siente real. Al menos algo se siente real: mi niño y su risa hermosa y las ganas de vivir y la necesidad de reírse.

    Qué cosa tan horrible ésta que tengo yo. Esta angustia existencial de la que desde hace tanto tiempo sufro.

    Bueno, en realidad, no puedo quejarme pues llevo un rato en el que no ha sido tan terrible la cosa.

    -tomado de la libreta 82 y escrito hoy en el Día de la Antioqueñidad en El Arca.

    ¿Aun queda alguna verdad?

    He estado andando desde hace tanto tiempo un mundo tan falso que ahora no sé si sea posible entontrar alguna verdad, alguien verdadero, que no sea tibio, ni blandito, ni regular; que sea él mismo, lo que es, sinceramente y no a los ojos de otros. Quiero cosas que luego no me den asco, que no me dé este desvanecimiento que me da cada vez que me decepciono de alguien.
    Debería poner el rasero mucho más bajo o aceptar, de una vez, la soledad.

    La tristeza me invade.
    Yo misma me siento falsa.

    Nota: excepción a la decepción: dubh, que conste.


    (tomado de la libreta 82 con cambiecitos)

    ¿Mami, puedo chuparte la orejita cien años?

    Matías

    jueves, agosto 09, 2007

    Terremoto emocional

    Removida de mí la capa de insensibilidad que no me había dado cuenta que me cubría. Ya se empezaba a adherir y la despegada ha sido dolorosa, temblorosa, casi destructiva, pero no alcanza, lo que no quiere decir que sea menos fuerte. Sacudida, sorprendida por lo que pensé que no existía. Sorprendida y sacudida insospechadamente.

    Qué cosa, qué cosa tan rara esta vida.

    Y qué cosa tan difícil de soportar lo que estoy sintiendo.